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World Rankings, la polémica está servida
Es lógico que toda persona a la hora de matricularse en un master o curso de postgrado quiera tener la certeza de que esa ha sido la mejor elección que podía hacer. Para ello, antes deberá realizar una tenaz búsqueda de los programas existentes, de ellos informarse a fondo, visitar las escuelas, consultar a profesionales, amigos o conocidos o a antiguos alumnos, y aún con todo, lo más probable es que todavía uno siga estando indeciso pues mucha y muy variada es la oferta y así es sumamente difícil saber cuál de entre todos los centros de postgrado ofrece el mejor programa de acuerdo a nuestras propias necesidades.

En los últimos años han proliferado un buen número de clasificaciones o ranking que analizan, valoran y comparan la calidad de aquella oferta de postgrado más significativa, eso sí, siempre en base a ciertos criterios. Estas listas pueden servir como referencia, más o menos fiable, a todo aquel interesado en un postgrado, pero lo que la mayoría de expertos no se cansan de repetir es que no deben ser tomados como algo definitivo, como si de un dogma se tratara. Así pues, especificar, previo a toda lista, su carácter meramente orientativo y sujeto al criterio particular del equipo responsable del estudio, es un deber ineludible para cualquier publicación mínimamente responsable. Y es que los ranking son ante todo subjetivos y por ello no están exentos de opiniones críticas por parte de muchos expertos, oposición a menudo de sobra justificada.

¿Pero cuáles son los principales argumentos en contra?

No es posible diseñar una metodología objetiva. Distintas son las circunstancias y necesidades particulares de los interesados, la filosofía y objetivos académicos de todas y cada una de las escuelas de postgrado no tienen por qué ser los mismos aunque focalicen su actividad hacia el mismo tipo de estudiante o profesional, y todo esto sólo puede tener como primera consecuencia la infravaloración o, por el contrario, la sobrevaloración de los diferentes programas dependiendo de los criterios ponderados en cada uno de los estudios comparativos. En definitiva, se asume que las necesidades de todas las empresas y estudiantes son las mismas cuando la realidad es muy distinta y mucho más compleja.

Los ranking que se basan en la opinión de alumnos graduados son demasiado parciales pues éstos últimos en la mayoría de las ocasiones sólo conocen por experiencia una escuela de negocios. Por otro lado, los que se basan en la información aportada por directivos de empresas importantes, adolecen de que también en este caso dichos profesionales suelen proceder en su mayoría de la misma escuela de negocios, y lógicamente siempre van a valorar más positivamente aquel MBA que hayan realizado, como también preferirán contratar a alumnos que hayan estudiado en su misma escuela. En el caso de los que están basados en los datos aportados por las escuelas el problema de su falta de rigor, sobrevaloración y descontrol, es cosa habitual por lo que tampoco van a dar una idea demasiado cercana de la realidad.

Reconocidos como una poderosa herramienta de marketing, aparte de su carácter meramente oficioso, los rankings están de una manera muy evidente expuestos a la manipulación.

Asimismo, casi todos los rankings comparan los programas y escuelas de negocio exclusivamente, incluso en este caso casi nunca profundizan en los diferentes ámbitos de negocios, sectores o especialidades. Así pues, sólo los MBA y los Executive Educatión son objeto de estudio cuando en realidad lo que busca la mayoría de profesionales es educación muy especializada. Por ello, no sirven para conocer y valorar esos otros programas de su interés que no son objeto de análisis.

A todo esto hay que unirle que en España no existe ningún estudio comparativo con suficiente rigor analítico como para poder ser tenido en consideración. Los rankings internacionales sólo valoran los programas de las escuelas de mayor peso y prestigio, con lo cual, muchas escuelas locales menores pero de tanta calidad y en muchas ocasiones de mucha mayor especialización, quedan fuera del alcance de estas listas.

Es imposible medir de una manera rigurosa el que debería de ser uno de los parámetros esenciales para valorar cualquier programa como es su temarios y contenidos. En general, muchos importantes aspectos de un master no son cuantificables y, desde ahí, comparables.

Tienen en cuenta a los profesores, si son extranjeros y si han realizado un doctorado, pero eso no siempre va a ser indicador de la calidad del profesorado en todos los programas, como así también, se deja de calificar positivamente a profesores y ponentes sin doctorado pero quizá con una más brillante trayectoria profesional. Esto cuando precisamente la formación práctica, con un objetivo principalmente profesional, es lo más esencial en un MBA, así como también, en cualquier programa formativo de ejecutivos.

Entonces, ¿cómo debe leerse las cifras?

No debe darse demasiada importancia al puesto que ocupa un determinado MBA, no debemos pensar que una escuela de postgrado va a ser mejor que otra por el simple hecho de estar ésta tres, cinco o diez puestos por delante de otra. Tampoco debemos dar importancia a los cambios en la posición de un año para otro. Asimismo, tenemos que fijarnos en aquellas variables que realmente interesan para nuestros objetivos, tenerlas en cuenta individualmente, valorando cada uno de sus aspectos de acuerdo con lo que queremos y eliminando todas aquellas variables baladíes que aventajan a algunas escuelas sin razón. Hay que ser consciente que toda esta amalgama de datos, casi siempre distorsionados, van a alterar la clasificación final del estudio como para no poder considerarla fiel a la realidad. Debemos de ir a la información puntual que nos interesa. Ante todo, las diferentes listas nos van a servir para hacernos una idea de qué escuelas gozan de reconocimiento tanto académico como profesional.

En definitiva, los ranking son una entretenida herramienta para conocer la oferta existente, gozando algunos de al menos cierto prestigio. Pero nuestra decisión no debe fundamentarse en ellos, más allá, el interesado tendrá que seguir recabando amplia información por otros muchos medios hasta tomar su definitiva decisión.

Por eso, muchos expertos recomiendan que el interesado antes de hacer caso a unas clasificaciones arbitrarias, sesgadas y confusas, utilice como referencia de calidad la proporcionada por las auditorías y sobretodo por los organismos de acreditación más reconocidos, destacando entre ellos, la European Foundation Management Development con su sistema EQUIS, la Asociación de MBAs ubicada en Gran Bretaña o la estadounidense Aacsb, éstas de alcance internacional, así como, la AEEDE de ámbito nacional para toda España. Asimismo, hay que decir que el alcance de las asociaciones de acreditación en lo que se refiere a los sectores y las especialidades es mucho mayor que el de los ranking.

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