El dinero no lo es todo: Los nuevos MBA

El debate no es nuevo pero sí que ha evolucionado enormemente a lo largo de los últimos años. Ética y negocios son como los dos compañeros de clase al que el profesor, que sería la sociedad, colocó juntos pero que no siempre se llevan tan bien como deberían. Pero tras los escándalos financieros de la última década los MBA han crecido en valores, dando más importancia a la ética, las humanidades y la responsabilidad social corporativa.

José Trecet - Redacción Mastermas - 23/10/2012

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El dinero no lo es todo: Los nuevos MBA

Los grandes escándalos financieros de la década de los 90 pusieron sobre aviso a la sociedad de que algo no terminaba de funcionar como debía en el mundo de los negocios. Quizás el de Enron fuese el más publicitado pero mi mucho menos el único. Para quienes no estén familiarizados con el caso, estamos hablando de la mayor empresa distribuidora de energía en Estados Unidos que durante años ocultaron pérdidas y falsearon los balances de la empresa hasta acumular pérdidas por 63.400 millones de dólares que terminaron con la quiebra de la multinacional. [Ver programas MBA Executive]

También Merck infló su facturación en 14.000 millones de dólares para cuadrar sus cuentas o la telefónica Eoldcom, que falsificó cuentas por 3.850 millones de dólares y no se trata ni mucho menos de un hecho aislado. A estos hay que añadir los casos de personas concretas que con su gestión pusieron en tela de juicio todo el entramado de grandes empresas como  Jeróme Kerviel, bróker de Societé Générale, como nos recuerdan desde IEB y que en enero de 2008 causó la pérdida de 4.900 millones de euros por sus actividades fraudulentas. [Ver programas de MBA Internacional]

Todo ello sin olvidar a Bernhard Madoff con su estafa piramidal, o a los responsables de la malograda Lehman Brohers, causante en parte de la actual crisis financiera o a los ex CEOs de Merrill Lynch Sanley O’Neal y John Tain, que no dudaron en cobrar millonarios bonus al tiempo que la entidad pedía ayuda al estado norteamericano. En este último caso Harvard es el denominador común de ambos directivos, así como de otros de los protagonistas de la crisis como es el caso de Christopher Cox, ex presidente de la SEC (la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos) o Rick Wagoner, ex Ceo de General Motors.

Y es precisamente ese nexo entre escuelas de negocio y comportamientos poco éticos por parte de algunos de sus graduados es lo que las ha puesto en el disparadero y ha tornado en su contra a buena parte de la opinión pública. Tanto es así que en la última encuesta realizada por Club MBA el 61% de los participantes no dudó en señalar a las escuelas como uno de los principales culpables de la crisis, mientras que apenas un 26% las eximía de cualquier responsabilidad. Los propios centros son conscientes de esta negativa asociación y por eso llevan tiempo poniendo en marcha diferentes iniciativas para darle la vuelta a la situación.

Desde el Instituto de Estudios Bursátiles, IEB, su director de programas especializados, Pablo Costeau, recalca que la escuela “está organizando en todos los Programas Masters sesiones específicas centradas en la deontología profesional y ética de los negocios, impartidas por el propio Director del Centro de Estudios”. En sus cursos estudian casos prácticos relacionados con comportamientos éticamente reprochables que en su momento fueron portada de los diarios especializado como el ya mencionado de Jérome Kerviel. El centro incluso ha creado dentro del departamento de investigación “un área específica en la que se desarrollan estudios y también se imparten jornadas centradas en esta materia, como hicimos en el primer aniversario del escándalo Madoff”.

En IE Business School explican que los escándalos financieros no han afectado a todas las áreas por igual y que “indudablemente ha influido en las sesiones de los profesores directamente afectados como por ejemplo: Finanzas; Control; y Contabilidad”. Su enfoque hacia el problema varía en función de la duración del programa y de la responsabilidad directiva de los participantes, pero de manera general apunta a que lo acertado es abordar la cuestión “desde todas las áreas académicas donde se trate el tema y que no sea un programa específico  -muy académico- que se perciba por los alumnos como algo aislado de la realidad diaria de una empresa”.

En esta misma línea, Annie Medina, directora general del campus de Madrid de ESCP Europe, indica que la ética “Es una actitud que debe dejarse sentir, de manera transversal, en los profesores, en la dirección de la escuela y en su modo de enseñar y de inculcar…” y resume que “no se trata de incluir nuevos contenidos o módulos sobre ética, sino de promover un ambiente de valores”.  Desde EOI comparten parte de esta visión, ya que como recalca Eduardo Sicilia, director del Executive MBA, “hoy las escuelas de negocios incluyen en sus syllabus la ética como algo transversal en sus MBAs”

“Todos sabemos que la ética no se enseña, es una cuestión de valores”expone Medina, que recoge así uno de los debates que ya existe en los claustros docentes, como también reconocen desde IE Business School: ¿Se puede enseñar ética a personas ya formadas? ¿Hasta qué punto es posible influir en la personalidad de profesionales que pueden estar en la treintena? Tom Donaldson, de Wharton School, puntualiza que “un curso de ética no es como una vacuna. No se puede inocular a una persona que ha tenido un comportamiento poco ético en los últimos 20 años”.

Parece que todos son conscientes de que es complicado cambiar los valores de una persona, especialmente en fases tan avanzadas de la vida, pero “siempre resulta útil recordar a un alumno de un MBA o de cualquier otro Máster que los principios éticos deben regir su comportamiento en la vida y que por lo tanto son sagrados”, destaca Costeau.

En IE también consideran que “poner el foco en estos temas y, sobre todo, en los procesos que conducen a las malas prácticas es un deber como institución educativa. Se trata de identificar en los inicios las decisiones que parecen sólo un poco ‘competitivas’, pero que conducen a los escándalos que conocemos”. Paul Danos, decano de Tuck School of Business apoya esta idea y añade que una buena praxis profesional “es algo que debemos seguir enfatizando porque es uno de los fundamentos de gestión”.

Por su parte en ESCP Europe van más allá y apuestan por restringir el acceso a la formación ejecutiva de estos perfiles que puedan generar dudas respecto a sus valores morales. “Las escuelas contamos con una herramienta fundamental: el proceso de admisión. Del mismo modo que se desestiman candidaturas de alumnos por no cumplir los requisitos de formación o de nivel de inglés necesarios, igualmente, en el  momento en que se percibe que el candidato no está en línea con la filosofía de la escuela, no se le admite” relata Medina.

Pero incluso desde la propia industria financiera concuerdan en que resulta necesario recordar a los profesionales sus deberes. Así lo explica Andrea Carreras, directora de EFPA en España, quien destaca que los miembros de la asociación encargada de otorgar la certificación europea como asesor financiero, “firman un código ético y deben recertificarse cada dos años firmando de nuevo el código ético. No va mal recordar el código ético y eso es lo que hacemos”. Desde su experiencia, resulta complicado cambiar los valores de una persona, pero “hay temas que están en el límite y en los que la formación específica en ética sí puede ayudar a decidir lo correcto”.

En ocasiones son los propios alumnos quienes demandan estos cambios por parte de las escuelas. Quizás el mejor ejemplo sea el de Thunderbird Graduate School of Global Management en donde desde 2005 los recién graduados recitan y suscriben un juramento de buenas prácticas que dice lo siguiente:

Como graduado de Thunderbird y ciudadano global, prometo que:
Me esforzaré por actuar con honestidad e integridad
Respetaré los derechos y dignidad de las personas
Me esforzaré por crear una prosperidad sostenible en todo el mundo
Me opondré a toda forma de corrupción y explotación, y
Seré responsable de mis actos.
Tomando como válidos estos principios espero poder disfrutar de una reputación honorable y una conciencia tranquila.
Realizo esta promesa libremente y sobre mi honor.

Sin embargo, el movimiento más conocido es el denominado The Oath Proyecto Proyecto de Juramento creado de la mano de Ángel Cabrerar, presidente de Thunderbird, y de los profesores de Harvard Rakesh Khurana, Rob Kaplan, and Nitin Nohria. A este hay que unir MBA Oath, precursor de esta asociación y salido de la propia iniciativa de los varios alumnos de Harvard Business School que, cansados de oír críticas hacia la ética de los directivos decidieron crear su propio juramento hipocrático que han suscrito más de 6.000 graduados de 300 escuelas de todo el mundo (ver firmantes).

El documento en sí es muy parecido al anterior, pero no por ello deja de ser interesante ver su contenido. 

“Como líder de negocios, quien firme este juramento reafirma su rol en la sociedad con los siguientes puntos: 
- Mi objetivo es liderar personas y administrar recursos para crear valor que un individuo, por sí solo, no puede generar.
- Mis decisiones afectan el bienestar de individuos dentro y fuera de mi empresa, en el presente y en el futuro.
Por lo tanto, los firmantes prometen que:
- Gestionaré mi empresa con lealtad y conciencia, y no predominarán mis intereses sobre los de mi empresa o de la sociedad en general.
- Comprenderé y acataré, tanto en texto como en intención, las leyes y contratos que gobiernen mi conducta y la de mi empresa.
- No me involucraré en actos de corrupción, competencia injusta, o prácticas que hagan daño a la sociedad.
- Respetaré y defenderé los derechos humanos y la dignidad de todas las personas que son afectadas por mi empresa, y me opondré a toda forma de discriminación y explotación.
- Respetaré y defenderé el derecho de futuras generaciones de disfrutar un planeta limpio y con recursos.
- Presentaré el desempeño y los riesgos de mi empresa en una manera precisa y honesta.
- Invertiré en mi desarrollo profesional, y de otros, apoyando la profesión de administración de empresas y continuar el avance y la creación de la prosperidad sostenible e inclusiva.
- Al ejercer mis labores profesionales de acuerdo a estos principios, reconozco que mi comportamiento debe ser un ejemplo de integridad, produciendo confianza y respeto en aquellos que yo sirvo. Me mantendré responsable ante mis colegas y la sociedad por mis acciones y por defender estas normas.

- Tomo este compromiso libremente y sobre mi honor.”


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