Un máster pasados los 40

Suele decirse que no hay edad para dejar de aprender y sin embargo lo cierto es que en las aulas de postgrado españolas abundan los veinteañeros y treintañeros pero escasean los cuarentones. Estudiar un máster a partir de los 40 requiere mayores dosis de disciplina y capacidad de sacrificio, pero bien puede merecer la pena.

José Trecet - Redacción Mastermas - 05/11/2012

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Un máster pasados los 40

El conocimiento no tiene fecha de caducidad. Nunca se es demasiado tarde para aprender. Pero la realidad nos dice algo bien diferente, especialmente en lo referente a los estudios de postgrado. Y es que los mayores de 40 años todavía siguen siendo un rara avis en las aulas de los másteres nacionales. [Ver curso vivencial de inteligencia emocional]

Los alumnos de postgrado se dividen habitualmente entre quienes optan por continuar sus estudios con un máster tras terminar su licenciatura y quienes prefieren entrar en el mundo laboral, adquirir experiencia y después regresar a las aulas. Dentro de este último grupo el rango de edades es de lo más variado, aunque lo habitual es retomar los estudios entre los 27 y los 33 años. De hecho, según un estudio de CESMA la edad media de los postgrados profesionales es de 31 años. De quienes apenas hay rastro en el apartado estadístico es de los mayores de 40 años. [Ver másteres online en humanidades]

Sin embargo, existen, aunque para ello deben superar una serie de barreras y hacer una serie de esfuerzos bien diferentes a los de los compañeros más jóvenes, empezando por buscar un máster que efectivamente se adapte a sus necesidades. Tal y como relata el profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y de ESPC Europe, Javier Tafur, este es el primer gran obstáculo, ya que buena parte de los postgrados está enfocado a un alumno más joven, lo que limita el número de mayores de cuarenta que pueden acceder a las aulas. Evidentemente también existen “programas que por el perfil más senior están más dedicados a este segmento de población” hasta llegar a los executive que buscan candidatos con no menos de 10 años de experiencia laboral.

Dar con el programa adecuado puede ser más complicado a edades más avanzadas, pero este no es ni mucho menos uno de los mayores escollos. Bien superados los 40 años, Lourdes Pineda reconoce que decidirse a cursar un máster no es fácil, y lo hace desde la experiencia que le otorga el Máster Profesional de Ingeniería y Gestión Mediambiental en EOI, la Escuela de Organización Industrial que está cursando y otros tantos cursos formativos a los que ha acudido en su trayectoria profesional. Como principal escoyo recalca dos clásicos: la falta de tiempo y de dinero. “El máster no sólo son las clases, sino que requiere de su tiempo de estudio” recuerda. [Ver máster en nuevos sistemas de gestión en producción]

María Jesús concuerda en que “el tiempo es un gran inconveniente”. Y es que generalmente a partir de ciertas edades las cargas familiares aumentan y a la pareja hay que sumar los hijos y las propias presiones del trabajo, que con la crisis son mayores. “Me supone un gran sacrificio”, enfatiza. Bajo su punto de vista a esta preocupación por el tiempo se une una cuestión más psicológica. Cuando se es joven se afronta la vida desde una perspectiva más optimista “porque piensas que tienes mucho tiempo. Después lo ves de otra forma y tomar una decisión en la que vas a emplear años de tu vida pesa mucho. Entre las responsabilidades familiares, laborales, más la perspectiva de la vida, que no es a futuro, sino a pasado, pues a muchas personas les puede”.  

Por fortuna, hoy en día existen modelos de formación semipresenciales que flexibilizan la enseñanza y ayudan en buena medida a reducir el tiempo a invertir en estos programas. Esto no quiere decir que no haya que tener una gran dedicación, sólo que el empleo del tiempo es más eficaz.[Ver másteres en gestión del tiempo]

El factor económico aparece como la otra gran preocupación, algo que en realidad no dista mucho de los más jóvenes. Pero también aquí el enfoque es bien diferente, quizás por esa percepción de que el tiempo se agota de la que acabamos de hablar. Lo que se pregunta la mayoría de ‘cuarentones’ es si serán capaces de rentabilizar el dinero que van a invertir en su formación.

Precisamente esta es la manera de analizar la vertiente económica de cualquier postgrado, “como una inversión que debe ser valorada” precisa Tafur. Es lo que en términos financieros se conoce como el retorno de la inversión, un elemento con el que están más que familiarizados en las escuelas de negocio. El retorno de la inversión o ROI en sus siglas anglosajonas compara el beneficio en relación a la inversión realizada. En el caso de los másteres las escuelas de negocio están más que habituadas a realizar este cálculo, para lo que suelen tener en cuenta el coste del programa más el llamado coste de oportunidad (salario que se deja de percibir y oportunidades laborales que se dejan pasar), a los que se resta el salario futuro, entendido como el aumento del sueldo que se obtiene respecto a la situación anterior al postgrado.

La periodista Sonia Franco hace una interesante reflexión al respectotratando, en su caso, la decisión de lanzarse o no a por un postgrado desde el punto de vista económico. La respuesta final es un rotundo sí con argumentos como que “a partir de los 50 quienes tienen un máster pueden llegar a ganar 2,4 veces más” o que a los 40 años todavía quedan muchos años de carrera profesional por delante. De hecho, con la actual legislación la edad de jubilación está a 27 años vista, tiempo más que suficiente para recuperar el dinero invertido.

A esto hay que añadir otra serie variables económicas que en ocasiones escapan del tradicional análisis económico. Así, por ejemplo, para quienes quieren poner en marcha su negocio y para ello deben pasar por el aula, el diferencial entre hacerlo a no hacerlo puede ser infinito.

Vencido también el factor financiero sólo queda un último punto, quizás el más difícil. Es lo que Mar Blázquez, directora general de Creatividad y Tecnología y profesora de EOI, relata como la resistencia al cambio y que cristaliza en “una barrera mayor para aprender cuanto mayor es el alumno, y esto se traslada al mercado laboral”. Al final, así se genera el problema de que “dejamos de pensar a una determinada edad” en términos de seguir formándonos.

Como no podría ser de otra forma, el mejor remedio en estos casos es buscar motivaciones que superen esa resistencia inicial. Dicho de otra forma, contestar a la pregunta de ¿Por qué merece la pena estudiar un máster a partir de los 40 años? Lo cierto es que las respuestas no difieren tanto de las que daría cualquier alumno, aunque sí existen interesantes matices.

En el caso de María Jesús, el máster sólo supuso un paso más en su formación. El verdadero reto fue el de regresar a la universidad para obtener la licenciatura en biología que desde hace tiempo quería obtener y que le ha costado seis años de sacrificios. Desde su punto de vista “el máster no ha sido para tanto”. Sin embargo, sí que hubo un claro componente profesional en su elección, ya que “me podía abrir más puertas como por ejemplo a leer una tesis, además de que completa mi formación”.

Para Lourdes Pineda, la motivación fue triple: “siembre he querido hacer un máster”,  profesionalmente “estaba muy ligada al cambio climático y quería aprender más”, además de que “disponía del tiempo, porque me quedé en paro, y del dinero”. Precisamente un máster puede ser la fórmula idónea para que los perfiles senior demuestren sus ganas de aprender, de que todavía tienen una enorme flexibilidad y capacidad para adquirir nuevas competencia. En definitiva, de  probar que en su caso no hay ningún tipo de resistencia al cambio, sino unas enormes ganas de progresar y seguir mejorando profesionalmente.

Tafur añade otras cinco razones básicas por las que una persona puede plantearse cursar un máster en plena crisis de los cuarenta. La primera tiene que ver con la necesidad de adquirir formación adicional para dar un salto, no tanto de sector, sino profesional. En determinado tipo de perfiles, especialmente los más técnicos, la formación previa sólo permite escalar hasta un determinado escalafón dentro de la jerarquía empresarial y para seguir progresando es necesario contar con formación complementaria en materia de gestión. “Nosotros en la Universidad Politécnica lo que hemos visto es que muchos alumnos han alcanzado un techo, sólo pueden acceder puestos técnicos y necesitan algo más para ocupar puestos de gestión. A esa edad lo que ocurre es que quieras dar ese salto porque hayas alcanzado ese techo técnico y quieras mejorar” relata el profesor.  Precisamente por eso los MBA y las escuelas de negocio son las que mayor porcentaje de alumnos senior tienen en sus aulas e incluso disponen programas específicamente adaptados para estos perfiles como los Executive MBA.

En segundo lugar aparece la necesidad de formarse para cambiar de sector. Cada vez es más habitual ver a personas trabajando en un campo completamente al de sus estudios universitarios y para poder acceder al mismo hace falta reciclarse y volver a pasar por las aulas. Esta no es la única fórmula para adquirir esos conocimientos, pero sí la más simple y la más fácil de demostrar en una hipotética entrevista de trabajo.

La necesidad de actualizar la formación que se tiene o, como comenta Mar Bázquez de reciclarse es otra de las motivaciones más repetidas.  Existen sectores donde es casi una obligación estar al día de las últimas tendencias y para los que quizás un máster sea una opción ‘de último recurso’ al existir cursos más cortos que cubren esta demanda. De nuevo el sector de la educación ejecutiva es el mejor ejemplo con sus Executive MBA que de hecho cuentan con programas específicamente adaptados a directivos que desean ‘ponerse al día’ o refrescar sus conocimientos.

En esta misma línea nos encontramos con quienes desean reinventarse. El caso por antomasia de este tipo de perfiles son los emprendedores. Su objetivo pasa por poner en marcha su idea y desarrollar su modelo de negocio. Hay programas que ayudan a conseguir esta meta, para la que los estudios universitarios parecen no estar preparados. “La universidad prepara a los alumnos para incorporarse al mundo laboral por cuenta ajena, pero no puerta propia y en los másteres se incentiva más el emprendimiento” destaca Tafur.  Este último “es una tendencia al alza”.

Tampoco es desdeñable la capacidad de hacer contactos en un máster hasta el punto que muchas personas “lo que quieren es entrar en un determinado grupo y utilizan el máster para eso” comenta Tafur. Lourdes ratifica que un máster va mucho más allá que el contenido del programa y que de hecho en su elección tuvo en cuenta otras cuestiones relacionadas con la escuela como la red de antiguos alumnos y el perfil tipo de sus posibles compañeros así como el de los profesores.

Pero si hay algo que de verdad puede llegar a motivar a una persona una vez cumplidos los 40 son las ganas de aprender. En el caso de Lourdes “siempre me ha gustado estudiar y actualizar mis conocimientos”. Como precisa Tafur, se trata de cubrir una necesidad vital, en ambos ejemplos relacionada con el trabajo, pero que en muchos otros directamente ligada al ocio y a otras metas personales como la cooperación al desarrollo o un hobbie. 


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