Sexólogos, detectives y otras profesiones fuera de lo común

Un sexólogo, un hacker, un inspector de trabajo y un detective comparten con mastermas.com cómo es su día a día y la forma de acceso a estas profesiones desconocidas para la gran mayoría.

Alba Loredo - Redacción Mastermas - 09/12/2015

Sexólogos, detectives y otras profesiones fuera de lo común

Hay trabajos que se consideran fuera de lo común, aunque más que eso y como explican sus profesionales en realidad son desconocidos para la gran mayoría. Su labor es básica en la sociedad actual y por ello se vuelven atractivos pero en algunos casos no siempre es fácil acceder. En mastermas.com hemos hablado con un sexólogo, un hacker, un inspector de trabajo y una detective para que nos cuenten cómo es su día a día y qué se necesita para vivir como tal.

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"Para trabajar como sexólogo hay que tener actitud abierta y dejar atrás tabús y mitos"

"Para trabajar como sexólogo se necesita formación, también es interesante que se tenga una actitud abierta y dejar atrás los tabús y los mitos", explica José Bustamante, psicólogo clínico y sexólogo. En su caso estudió la carrera de Psicología e hizo sus prácticas en un centro de sexología, donde descubrió que quería dedicarse a ello y ya fue cuando se especializó con el Máster de Sexología y Psicoterapia Integradora. "Siempre me había gustado la Psicología Clínica. Yo me imaginaba viendo pacientes y dando charlas y es lo que hago, tengo esa suerte", afirma.

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"No vale que sólo nos interese el tema del sexo", recuerda. Los profesionales que trabajan como sexólogos pueden tener distintos estudios de base como la Medicina, la Psicología o el Trabajo Social pero lo que comparten todos es esa formación de postgrado. Bustamante además de trabajar como Director del Centro de Psicología, Sexología y Pareja con varias sedes en la Comunidad Valenciana, colabora como docente en el Programa de Formación en Salud Sexual de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y el Instituto de Salud Carlos III, que se compone de tres postgrados como el Máster en Salud Sexual y Sexología Clínica, el Máster en Promoción de la Salud Sexual y el título de Experto Universitario en Sexualidad humana y Educación sexual.

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"La gente nos imagina trabajando en nuestras consultas pero hay quien hace investigación, otros divulgación…Es un campo mucho más amplio", asegura este experto. De hecho, recuerda cómo uno de sus alumnos era economista pero quería especializarse en sexología para luego poder aplicarlo desde la parte de los negocios. Aun así considera que además de los profesionales que están dentro de la parte clínica, es casi obligatorio emprender. "Fácil no es, pero nosotros a diferencia de un dentista no necesitamos una gran inversión para maquinaria, sólo necesitamos el espacio", añade.
 
El sexo cada vez es menos tabú pero decir que uno trabaja como sexólogo todavía sorprende. "Depende de quién, hay gente que te dice que interesante pero los más mayores a veces miran raro y hay que explicarles en seguida lo que es", afirma entre risas. Las profesionales femeninas despiertan más recelos y Bustamante explica cómo una de sus amigas le había dicho que lo último que cuenta en una cita es a qué se dedica. "Hay personas que se sienten evaluadas cuando salen con un sexólogo, aunque serlo no implica tener comportamientos más abiertos que el resto de la gente", recuerda.
 
Además de contar con la titulación adecuada, en un sexólogo también se valoran otros conocimientos y actitudes. "Si va a hacer divulgación es importante que sean buenos comunicadores y que no tengan tabús”, asegura. Si se dedican a la parte clínica, hay que ser empáticos, dar confianza a los pacientes. 2Hablar de sexo a veces no es sencillo y menos cuando es algo problemático.  La media en acudir a un sexólogo desde que se tiene un problema son seis años porque cuesta mucho contarlo", añade.

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"Hay consultoras que buscan entre 40 y 50 profesionales en ciberseguridad y no los encuentran"

Estos días se escucha hablar de la guerra contra el Estado Islámico, pero no sólo en Siria sino a través de internet. La seguridad en la Red se vuelve decisiva contra la propaganda yihadista pero desde que existe la realidad 2.0 hay otras amenazas para particulares, empresas y administraciones que se necesitan combatir. "Es triste pero es así. Si no se liara gordísima, no tendría trabajo", explica a mastermas.com el hacker Daniel García, aunque él prefiere denominarse como auditor de seguridad. 

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"Si alguien me dice que es hacker no me fío de él", afirma entre risas. El significado más extendido de esta palabra es el de pirata informático pero en la realidad hay que diferenciar los que trabajan para garantizar la seguridad en la red y los que no, que son del lado oscuro: los crackers. A sus 32 años se ha hecho un hueco como experto en ciberseguridad en España, de hecho participó como ponente en la última edición de Cybercamp, un campo que considera que está aún por explotar. Trabaja como responsable de consultoría y formación en Abirtone, empresa especializada en formación en seguridad para principiantes y expertos. 

Él empezó trasteando con el ordenador y tuvo la suerte de encontrar en su ciudad, Albacete, la única escuela de su Comunidad Autónoma con cursos relacionados con la ciberseguridad. "Para formarse yo digo que hay dos versiones: la barata y la cara. La barata es leer, sobre todo en inglés, aunque ahora hay más contenidos en castellano, ser autodidacta, informarse en redes sociales, asistir a eventos…", asegura. Además cita a OWASP, una comunidad a nivel mundial de código abierto en la que se comparte formación y se puede practicar gratis y sin peligro. En el otro lado está lo que él denomina como "caro". Y cita a empresas que dan formación especializada como la suya, aunque todavía son pocas, y a los másteres que imparten universidades y centros de formación. 

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"Hay un déficit impresionante de profesionales. Sé de consultoras que necesitan entre 40 y 50 expertos en ciberseguridad y no encuentran gente", asegura. ¿Cuál es el problema? "Son perfiles muy específicos, la formación que existe se queda muy corta. Todos pensamos que sabemos mucho al acabar la carrera pero además de destruir un sistema hay que saber arreglarlo", prosigue.   Si él tuviera que contratar a alguien lo tiene claro: "Que sepa inglés, ruso, ya que todo el malware sale de Rusia y China, que tenga código ético y el concepto de culo inquieto, que significa que yo le digo lo que hay que hacer y tiene que saber buscarse las mañas". Para Daniel García la clave está en la actitud: "No tienes que saberlo todo pero sí decir: 'Dame 48 horas y lo tienes'".

Por esa falta de profesionales especializados los expertos en ciberseguridad están tan cotizados. "Sí se cobra bien. No nos vamos a engañar. Hay empresas que se pelean por gente de perfil junior y pueden cobrar como punto de partida entre 22.000 y 24 euros. Además lo bueno de esto es que a la mínima coges experiencia y si eres listo, sabrás negociar tu sueldo", asegura. De hecho, ante la alta demanda de estos perfiles, las empresas saben que tienen que pagar más. "Tienen que evitar que los buenos de verdad se vayan a la competencia", recuerda. Los buenos con experiencia superan los 40.000 euros. 

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"Los inspectores estamos tratando de abrirnos a la sociedad. Somos muy desconocidos"

Inspectores de Trabajo y Seguridad Social tampoco hay muchos. Para acceder a esta profesión es necesario superar una de las oposiciones más exigentes y al año suelen convocarse unas 40 plazas para toda España. "Estamos tratando de abrirnos a la sociedad. Somos muy desconocidos, y no sólo  nos dedicamos a perseguir a los trabajadores que no están dados de alta", recuerda Fermín Yébenes, portavoz de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo (UPIT).

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"Tenía claro que quería ser inspector, intervenir en los conflictos laborales", explica, Y así fue, mientras trabajaba en el INEM se empezó a preparar esta oposición del grupo A1, a la que se pueden presentar graduados, licenciados y aspirantes con una titulación universitaria superior. "Yo estudiaba 10 horas al día durante tres años. En mi caso influyó mi grado de madurez, porque sabía que no quería seguir en el trabajo que tenía", apunta.
 
Considera que la mejor base es la carrera de Derecho aunque tiene compañeros que vienen de otras titulaciones como la ingeniería industrial o la arquitectura. Los interesados en presentarse tienen que prepararse 237 temas, divididos en cuatro partes. Un primer ejercicio es escrito, el segundo oral, el tercero de casos prácticos y un cuarto de idiomas. "Son muy duros. Hay que exponer y ahí está la dificultad de vencer a un tribunal, hay mucha tensión aunque te vas acostumbrando a cantar los temas con el preparador o en la academia", asegura Fermín.

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"El sueldo también es una motivación. Si no estuviera bien remunerado nadie se prepararía unas oposiciones tan difíciles", explica. Estos profesionales pueden ganar entre 42.000 y 45.000 euros brutos anuales y a diferencia de otros trabajos administrativos no hay cabida para la monotonía. "Tenemos absoluta libertad de horarios, aunque también podemos trabajar un domingo. Nuestro trabajo es muy entretenido", prosigue. Al año pueden visitar unos 250 centros de trabajo en los que conocen la realidad de los profesionales, tienen que vigilar que se cumpla la legislación, además de asesorar sobre Relaciones Laborales, Empleo, Seguridad y desempeñar otras funciones como la conciliación y mediación en los conflictos.

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"Un buen inspector tiene que saber escuchar más que hablar, saber a qué te enfrentas y tener vocación de servicio público. Con tu actuación influyes en la vida de los demás, al final es lo mismo que le sucede a un juez", asegura. Otra de las aptitudes clave, aunque Fermín recuerda que no te examinan de ello, es tener empatía. "A veces hay que valorar los hechos en un accidente de trabajo y  dependiendo de lo que tu decidas así será el resultado".

"Ser detective no es nada tabú, lo único que suele despertar mayor interés que otras profesiones"
 
Otra de las profesiones que siempre suscita interés es la de detective aunque está rodeada de mitos. "No es nada tabú. Si a uno de le preguntan a qué se dedica y es periodista dirá que es periodista, ¿no? Pues si es Detective dirá que lo es. Lo único que suele despertar mayor interés que otras profesiones por el desconocimiento general y por la asimilación que de la misma se hace con novelas y películas", explica por su parte Eva Grueso, presidenta de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España (APDPE).

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Es un oficio regulado y como tal hay que realizar estudios universitarios de Investigación Privada y después solicitar la Tarjeta de Identidad Profesional al Ministerio del Interior. No se valoran especialmente ningún tipo de conocimientos pero los que se tengan pueden ser fundamentales en la realización de investigaciones, en la atención de los clientes o en la asistencia a ratificaciones en los Juzgados.

"Quizá es habitual que los detectives seamos personas tenaces, discretas, pacientes, con reacciones rápidas y gran capacidad analítica", asegura Grueso. Los principales clientes de estos profesionales son tanto personas físicas como jurídicas y dependiendo de la especialización a la que se tienda habrá que formarse en investigación económica, arrendamientos inmuebles, o informática forense, entre otras posibles opciones.

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"Los clientes pueden llegar a través de cualquier medio, aunque el boca a boca, en nuestro caso, funciona muy bien", explica la presidenta de la APDPE. La crisis también les ha afectado pero como otros profesionales se han tenido que adaptar: "Y en cierto modo "reinventarnos", no se puede esperar sentado en un sillón a que el cliente llegue al despacho, hay que salir a buscarlo y el campo de actuación es muy amplio, y en muchos casos, aún por descubrir".
 
Para Grueso si está bien o mal remunerado depende de la percepción de cada uno y de lo que se acuerde con el cliente, pero asegura que son esenciales: "Es posible observar las estadísticas de Unespa en el sector asegurador y podrá comprobarse que somos extremadamente rentables, pues la detección del fraude es muy relevante". Considera que es una profesión atractiva aunque todavía poco conocida. "En el entorno judicial son positivamente valorados nuestros informes, donde la aportación de nuestras informaciones y pruebas resuelven muchas de las demandas planteadas", asegura.

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"Quizá lo más gratificante es resolver un caso que plantea enormes dificultades y, sobre todo, cuando se logran obtener las pruebas en un caso que goza de mayor sensibilidad", apunta. Eso sí, considera que el tema de la conciliación es una asignatura pendiente. "Nuestros horarios son difíciles de ajustar, aunque en función de la especialidad en la que se trabaje puede ser más o menos sencillo", explica. De hecho, cada vez hay más mujeres que se incorporan a esta profesión.
 
"Yo creo que la mejor opción para trabajar como detective, sobre todo en la calle, es la pareja, hombre-mujer, pues las aportaciones por ambas partes es enriquecedora y se complementan", concluye.   

 

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